Carmen

Lacombe, B (2017) Carmen. Página 3. Carmen, Prosper Mérimée


 Soy una mujer libre, sin ataduras a nada y a nadie, puedo encantar a cualquier hombre con solo unas pocas palabras, soy una gitana con el poder de la adivinación, piel dorada como la miel, con el pelo rizado y negro como la más grande oscuridad, ojos grandes que embelesan a cualquier hombre y unos labios rojos como la sangre.


Mi nombre es Carmen y soy la mujer que lleva a la perdición a los hombres.


José Navarro trabajaba como guardia en la fábrica de cigarros en que yo trabajaba, la primera vez que lo vi fue cuando las mujeres volvíamos del almuerzo, cuando volvíamos siempre los hombres nos esperaban alrededor para admirar nuestros cuerpos de mujeres jóvenes pero José no se interesaba en eso, yo traía una falda encarnada, unas medias de seda blancas, unos zapatos rojos, una mantilla y una casia en mi boca, los hombres al verme gritaron "¡Ahí va la gitanilla!" (página 59), y allí vi a José indiferente a todo, haciendo una cadena, le dije que me la diera pero dijo que era para la aguja de su fusil. Tres horas después había un alboroto en la fábrica y todo porque una mujer fue asesinada, estaba dada vuelta y con dos navajazos en la cara .

Lacombe, B (2017) Carmen devuelta al trabajo. Página 61 y 62. Carmen, Prosper Mérimée
¡Pobre de ella! ojala la infeliz hubiera sufrido más, la amiga me dijo injurias sobre mi sangre gitana, la muy estúpida se llevo una cruz de San Andrés en su cara. Por eso me llevaron detenida, para mi suerte José me llevó, fue tan fácil convencerlo, le hable en vascuence y se derritió como un niño cuando ve un dulce, le convencí de que me dejara huir, cuando escapé me escondí en una casa y no lo volví a ver pero le ayude a escapar de la cárcel, le envié un pan de Alcalá que contenía una lima inglesa y una moneda de oro, cuando este salió legalmente le fui a ver y le dije que nos veríamos donde la casa de Lilas Pastia, allí me entregó la moneda ¡Que honesto el hombre este!, luego me preguntó cuándo volvería a verme y le dije que cuando fuera menos idiota. Desde ese momento él no se volvió a separar de mí, me tenía como propiedad de él cosa que nunca soporté y además tenía la intención de llevarme al Nuevo Mundo, como si fuera nuevo pero le dije que "No estamos hechos para plantar coles; nuestro destino es vivir a costa de los payos." (página 103), con esto se enojó pero como siempre me hace caso nos quedamos, pero enojarlo fue mi gran error.









Comentarios

  1. Claro ahora también arruiné tu vida y de paso soy el motivo de tus desgracias.

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  2. ¡SÍ SÍ SÍ SÍ SÍ Y SÍ! Siempre serás el responsable de mis desgracias, desde que te conocí siempre celoso de mí por todo y nunca me dejabas hacer lo que quería ¡Ingrato! tú deberías agradecerme por la vida maravillosa que te dí.

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  3. García, alías El Tuerto29 de abril de 2018 a las 17:10

    ¡Maldito desgraciado! me matas y ni siquiera sabes llevar mi negocio y caes por Carmen como un niño a un dulce.

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